Doctrine:(2)
Principios
Doctrinales de la Asamblea Apostólica
de la Fe En Cristo Jesús 4.
EL ESPÍRITU SANTO
Creemos en el bautismo del Espíritu Santo, prometido
por Dios en el Antiguo Testamento y derramado después de
la glorificación
del Señor Jesucristo, que es quien lo envía (Joel
2:28,29; Juan 7:37-39; 14:16-26; Hechos 2:1-4,16-18).
Creemos,
además que la demostración de que una persona
ha sido bautizada con el Espíritu Santo, son las nuevas
lenguas o idiomas en que el creyente puede hablar y que ésta
señal
es también para nuestro tiempo.
Creemos
también
que el Espíritu Santo es potencia que
permite testificar de Cristo (Hechos 1:8) y que sirve para
la formación
de un carácter cristiano más agradable a Dios
(Galatas 5:22-25). El mismo Espíritu da dones a los
hombres, que sirven para la edificación de la Iglesia
(Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:1-12; Efesios 4:7-13). No
aceptamos que haya en ningún
hombre la facultad de impartir a otro algún don, pues “todas
estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo
a cada uno en particular como él quiere.” (1
Corintios 12:11). “Pero a cada uno de nosotros fue
dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios
4:7).
Todos
los miembros de la Asamblea Apostólica
de la Fe en Cristo Jesús deben buscar el Espíritu
Santo y tratar de vivir constantemente en el Espíritu,
como lo recomienda Romanos 8:5-16; Efesios 5:18; Colosenses
3:5.
5.
EL BAUTISMO EN AGUA
Creemos en el bautismo en agua, por inmersión y en el Nombre
de Jesucristo, el cual debe ser administrado por un ministro
ordenado. El bautismo debe ser por inmersión, porque sólo
así representa
la muerte del hombre al pecado, que debe ser semejante
a la muerte de Cristo (Romanos 6:1-5). Y en el Nombre de Jesucristo,
porque ésta
es la forma en que los apóstoles y ministros bautizaron
en la edad primitiva de la Iglesia, según lo prueban
las Sagradas Escrituras (Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:6;
22:16).
6.
LA CENA DEL SEÑOR
Creemos en la práctica literal de la Cena del Señor
que él mismo instituyó (Mateo 26:26-29;
Marcos 14:22-25; Lucas 22:15-20; 1 Corintios 11:23-26).
En
esta ordenanza se debe usar pan sin levadura, que
representa el cuerpo sin pecado de nuestro Señor
Jesucristo, y vino sin fermentar, que representa
la Sangre de Cristo, que consumó nuestra
redención. El objeto de esta ceremonia es
conmemorar la muerte de nuestro Señor Jesucristo
y anunciar el día en que
regresará al mundo y al mismo tiempo para
dar testimonio de la comunión que existe entre
los creyentes. Ninguna persona debe participar de
este
acto si no es miembro fiel de la Iglesia
y está en plena comunión, pues al hacerlo
sin cumplir estas condiciones, no podrá discernir
el cuerpo del Señor
(1 Corintios 10:15-17; 11:27,28; 2 Corintios 13:5).
El
Señor, al terminar de tomar una cena con
sus apóstoles
celebró un acto que de momento los maravilló y
que fue el lavatorio de pies. Al terminar este
acto, el Maestro explicó a
sus discípulos el significado de él,
y les recomendó que
se lavasen los pies los unos a los otros. La Iglesia
practica este acto en combinación con la
Cena del Señor o indistintamente
como un acto de humildad y confraternidad cristiana
(1 Timoteo 5:10).
7.
LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO
Creemos en la resurrección literal de nuestro Señor
Jesucristo que se efectuó al tercer día de su muerte,
como lo relatan los evangelistas (Mateo 27:60-64; Marcos 16:1- 20;
Lucas 24: 1-12, 36-44; Juan 20:12-20). Esta resurrección había
sido anunciada por los profetas (Isaías 53: 12) y es necesaria
para nuestra esperanza y justificación (1 Corintios 15:20;
Romanos 4:25).. |