Doctrine:(3)
Principios
Doctrinales de la Asamblea Apostólica
de la Fe En Cristo Jesús 8.
LA RESURRECCIÓN DE JUSTOS E INJUSTOS
Creemos que habrá una resurrección literal de los muertos en el
Señor, en la cual serán cubiertos con un cuerpo glorificado y espiritual,
con el cual vivirán para siempre en la presencia del Señor (Juan
5:29; Hechos 24: 15; 1 Tesalonicenses 4:16; Job 19:25-27; Salmos 17:15; 1 Corintios
15:35-54). Los cristianos que estén en pie, en el momento en que el Señor
recoja a su Iglesia serán igualmente transformados y así irán
a estar con el Señor para siempre en gloria (1 Tesalonicenses 4:18;
1 Corintios 15: 51,52).
Creemos
también que habrá resurrección
de injustos pero
estos despertarán del sueño de la tumba sólo para ser juzgados
y oír la dura sentencia que los hará herederos del fuego eterno
(Mateo 25:26; Juan 5:29; Apocalipsis 20:12-15; Marcos 9:44; Daniel 12:2).
9.
EL RECOGIMIENTO DE LA IGLESIA Y EL MILENIO
Creemos que la Iglesia, compuesta por los muertos en el Señor y los
fieles que estén sobre la tierra en el momento del Rapto, será levantada
para ir a encontrar a su Señor en los aires y participar en las Bodas
del Cordero. Después vendrá con el Señor a la tierra para
hacer el juicio de las naciones y reinar con Cristo mil años. Este período
será precedido por la Gran Tribulación y la batalla del Armagedón,
a la cual dará fin el Señor cuando descienda sobre el Monte de
los Olivos con todos sus santos (1 Tesalonicenses 4:13-17; 1 Corintios 15:51-54;
Filipenses 3:20,21; Isaías 65:17-25; Daniel 7:27; Miqueas 4:1-3; Zacarías
14:1-16; Mateo 5:5; Romanos 11:25- 27; Apocalipsis 20:1-5).
10. EL
JUICIO FINAL
Creemos que hay un juicio preparado en el cual participarán todos los
hombres que hayan muerto sin Cristo y los que estén sobre la tierra
en el tiempo de su verificación. Este juicio se efectuará al
final del milenio y también se conoce con el nombre de Juicio del Trono
Blanco. La Iglesia no será juzgada en esta ocasión, sino que
ella misma intervendrá en el juicio que se haga a todos los hombres
de acuerdo con lo que está escrito en los libros que Dios tiene preparados.
Al terminarse este juicio, los cielos y la tierra que hoy existen serán
renovados por fuego y los fieles habitarán en la Nueva Jerusalén.
La dispensación cristiana habrá terminado y entonces Dios volverá a
ser todas las cosas en todos (Daniel 7:8-10, 14, 18; 1 Corintios 6:2,3; Romanos
2; 16; 14; 1 Corintios 5:10; Apocalipsis 20:5-15; 21:1-6).
11. LA
SANIDAD DIVINA
Creemos que Dios tiene poder para sanar todas nuestras dolencias físicas,
si así es su voluntad y que la Sanidad Divina es un resultado del sacrificio
de Cristo; pues El llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros
dolores (Isaías 53:4). La sanidad del cuerpo se efectúa por una
combinación de la fe del creyente y del poder del Nombre de Jesucristo
que se invoca sobre el enfermo. El Señor Jesucristo prometió que
los que creyeran en su Nombre pondrían las manos sobre los enfermos
y estos sanarían (Marcos 16:18). Los enfermos deben ser ungidos con
aceite en el Nombre de Jesucristo por ministros ordenados para que el Señor
cumpla sus promesas (Juan 14:13; Salmos 103:1- 4; Lucas 9:1-3; 1 Corintios
12:9; Santiago 5:14-16).
Creemos
que la Sanidad Divina se obtiene por la fe y que en caso de que
algún
hermano tenga necesidad de someterse a los cuidados y ministraciones de la
ciencia médica, los demás no deben criticarlo, sino considerarse
a sí mismos y guardarse de encontrar condenación con lo que ellos
mismos aprueban (Romanos 14:22). Recomendamos que los miembros y ministros
de nuestra Iglesia se abstengan de lanzar críticas indebidas a la ciencia
médica, cuyos adelantos nadie puede negar y que se originan en la habilidad
que Dios ha dado a los hombres para ir descubriendo los secretos del funcionamiento
del organismo humano. Al mismo tiempo, los exhortamos a que no se opongan a
las campañas de higiene, vacunación y limpieza que sean iniciadas
por el gobierno, sino que, por lo contrario, colaboren decididamente en los
lugares donde sea posible.
12.
LA SANTIDAD
Creemos que todos los miembros del cuerpo de Cristo deben ser santos, es decir,
apartados de todo pecado y consagrados al servicio de Dios. Por esta razón
deben abstenerse de toda clase de prácticas, diversiones e inmundicias
de carne y de espíritu (Levítico 19:2; 2 Corintios 7:1; Efesios
5:26,27; 1 Tesalonicenses 4:3,4; 2 Timoteo 2:21; Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:16).
Sin
embargo en la práctica de la santidad, creemos que debe evitarse
toda clase de extremismos, ascetismos y privaciones que tienen cierta reputación
de sabiduría, en culto voluntario y humildad y en duro trato de la carne,
la cual es sombra de lo por venir, mas el cuerpo es de Cristo (Colosenses 2:
17,23). En lo que respecta a alimentos, sabiendo que “todo lo que Dios
creo es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias” (1
Timoteo 4:4).
|