Doctrine:(4)


Principios Doctrinales de la Asamblea Apostólica
de la Fe En Cristo Jesús

13. MATRIMONIO
Creemos que el matrimonio es sagrado, pues fue establecido desde el principio y es honroso en todos (Génesis 2:21-24; Mateo 19:1-5; Hebreos 13:4). Los matrimonios deben verificarse de acuerdo con las leyes de los países respectivos y luego solemnizarse en la Iglesia según la práctica aprobada. Las parejas que no hayan legalizado su unión y deseen bautizarse, deben cumplir primeramente con los requisitos de las leyes civiles.

Creemos que el matrimonio es una unión que debe perdurar mientras viven los dos cónyuges. Al morir uno de ellos, el otro está libre para casarse y no peca si lo hace en el Señor (Romanos 7:1-3; 1 Corintios 7:39).
Creemos además, que los matrimonios deben verificarse exclusivamente entre miembros fieles. Ningún ministro deberá casar a un miembro de la iglesia con una persona inconversa. Los miembros que estando en plena comunión se casaren con una persona inconversa, deberán ser juzgados por los pastores.

14. EL ESTADO Y LA IGLESIA
Creemos en la separación del Estado y la Iglesia y que ninguno debe intervenir en los asuntos del otro, pues aquí se cumple el precepto bíblico de dar lo que es de César a César y lo que es de Dios a Dios (Marcos 12:17).

Los cristianos deben tomar participación en actividades cívicas de acuerdo con su capacidad e inclinaciones políticas, pero siempre reflejando sus ideas personales y no las de la Iglesia. La Asamblea Apostólica siempre es neutral y tiene cabida para los hombres de todos los credos políticos. Al mismo tiempo, todos los cristianos, deben obedecer a las autoridades civiles y todas las leyes y disposiciones que de ellas emanen, siempre que no contradigan sus principios religiosos o los obliguen a hacer cosas en contra de su conciencia (Romanos 13: 1- 7).

15. SERVICIO MILITAR
La Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, reconoce al gobierno humano como de ordenación Divina (Romanos 13: 1-2) y al hacerlo así, exhorta a sus miembros a que afirmen su lealtad a su patria. Siendo discípulos del Señor Jesucristo, es deber de todo cristiano obedecer sus preceptos y mandamientos que enseñan como sigue: “No resistáis al que es malo” (Mateo 5:39). “Seguid la paz con todos” (Hebreos 12:14). También (Romanos 12:19; Mateo 26:52; Santiago 5:6; Apocalipsis 13:10).Por estas Escrituras, se cree y se interpreta que los seguidores de nuestro Señor Jesucristo no deben destruir propiedades ajenas o quitar vidas humanas.

Se considera un pecado, que después de haber recibido el conocimiento de la verdad, haber sido hechos nuevas criaturas en Cristo Jesús, participar en acciones o actos diferentes a aquellos recomendados por la Divina Palabra de Dios (Hebreos 6:4-9; 10:26, 27).

Par lo tanto, se aconseja a todos los miembros que de acuerdo al dictamen de su conciencia, sirvan libremente a su patria, en tiempo de paz o de guerra, y prestar servicio, no importando cuán duro o peligroso sea en todas las capacidades NO COMBATIENTES. La Doctrina enseña que se ore porque tengamos siempre hombres de Dios como gobernantes y orar por ellos para que tengan siempre la sabiduría Divina y para que como nación, seamos guardados fuera de la guerra, con honor y vivir en paz continuamente (1 Timoteo 2:1-3).

16. PECADO DE MUERTE
Creemos, a la luz de la Palabra de Dios, que hay pecado de muerte y que si este es cometido en los términos que expresa la misma Biblia, se pierde el derecho a la salvación (Mateo 12:31,32; Romanos 6:23; Hebreos 10:20, 27; 1 Juan 5:16,17). Por tanto, recomendamos que todos los fieles se abstengan de dar oído a doctrinas en que se promete seguridad eterna al cristiano sin importar su conducta, y la idea de que “una vez salvo, siempre salvo,” pues la Biblia enseña que es posible ser reprobado y se necesita permanecer fiel hasta el fin (Romanos 2:6-10; 1 Corintios 9:26,27).

17. SISTEMA ECONÓMICO DE LA IGLESIA
Creemos que el sistema que la Biblia enseña para la obtención de fondos necesarios para el cumplimiento de la obra es el de diezmos y ofrendas y que debe ser practicado por ministros y creyentes igualmente (Génesis 28:22; Malaquias 3:10; Mateo 23:23; Lucas 6:38; Hechos 11:27,30; 1 Corintios 9:3-14; 16:1,2; 2 Corintios 8:1-16; 9:6-12; 11:7-9; 1 Timoteo 5:17,18; 6:17-19; Gálatas 6:6-10; Filipenses 4:10-12,15-19; Hebreos 13:16).

Sabiendo que la obra de Dios no tan sólo tiene aspecto espiritual, sino también material, creemos que es necesario reglamentar la manera en que se adquieran y distribuyan los fondos necesarios para responder a las necesidades materiales de la obra.

18. EL CUERPO MINISTERIAL
Creemos que el ministerio es un llamamiento de Dios y que el Espíritu Santo confiere a cada ministro la facultad de servir a la Iglesia en distintas capacidades y con distintos dones, cuyas manifestaciones son todas para edificación del Cuerpo de Cristo (Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:5-11; Efesios 4:11,12).

Creemos también que, aunque el llamamiento al ministerio es de origen Divino, la Palabra de Dios contiene suficientes enseñanzas sobre los requisitos que debe llenar la persona que vaya a servir en el ministerio y que corresponde a los gobiernos eclesiásticos debidamente organizados examinar a los candidatos al ministerio y determinar cuándo son dignos de aprobación, y la tarea a que se deben dedicar (Hechos 1:23-26; 6:1-3; 1 Timoteo 3:1-lo; 4:14; 5:22; Tito 1:5-9).

Creemos además, que el Espíritu Santo usa al ministro en distintas formas, según las necesidades de la obra de Dios y la capacidad y disposición personal del ministro. Nadie puede ser colocado en una posición más elevada que aquella a que se haga merecedor (1 Timoteo 3: 13; Romanos 12:3).

Creemos que el obispado es el cargo más elevado en el ministerio y que a quienes lo ocupan, se les debe dar muestras especiales de consideración y respeto, sin menoscabo de los que ocupan posiciones de menor responsabilidad.

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